Mi papá tiene un taller de autos. Como no puede ser de otro modo, su ropa y sus manos suelen estar cubiertas de grasa. El pasado sábado, un rato antes del cierre del taller, una señora trajo su carro para realizar un balanceado. Ella era dueña de dos pechos de gran dimensión (“nada de siliconas, esas eran de verdad”. Cito textual). La cuestión es que mi padre bajó a la fosa y llamó a la señora para que viera un desperfecto que tenía su carro. Cuando la mujer se acercó, sufrió un mareo, por lo que Papá Pancho le sugirió que subiera. Cuando salían de la fosa la señora se desvaneció por completo. Mi papá, que venía por detrás, la agarró como pudo (y de donde pudo…). Cuando logró subirla, la recostó en el piso, sobre un cartón poco menos sucio que el resto del taller. Poco a poco la mujer recobró la conciencia. En tanto, mi padre notó que en la remera amarilla de la señora aparecían marcadas sus dos manos. Quedaban perfectamente dibujadas sobre los atributos de la clienta. Una y otra vez se repetían. La antítesis de un crimen perfecto.
Cuando se recuperó, la señora agradeció la atención de mi viejo y llamó a su hijo para que la viniera a buscar. Rogando que no fuese físico culturista, o algo parecido, mi papá esperó con resignación su destino. Finalmente el hijo llegó, supuso lo ocurrido (¿?) y llevó a la señora a su casa sin más comentarios que un apático gracias.
Por lo pronto, mi viejo salió ileso. ¿La señora? … la señora no tanto.



11 comentarios
Noviembre 15, 2007 a las 2:31 am
Muy divertido.
Saludos.
Noviembre 15, 2007 a las 1:57 pm
jajaja muy bueno!
Noviembre 15, 2007 a las 6:39 pm
“Rogando que no fuese físico culturista, o algo parecido, mi papá esperó con resignación su destino”. Agrego: “Resignado, mi papá pensaba: si este pibe llega a ser karateka, estoy hasta las tetas”.
Chiste fácil, I know. La vida misma es un chiste fácil.
Saludos.
Noviembre 15, 2007 a las 11:12 pm
muy divertido!
“la antítesis de un crimen perfecto”, genial.
Noviembre 16, 2007 a las 12:39 am
No quisiera ser la remera engrasada…
Ni tu papá en el momento de pensar en el hijo de ella…
Ni el hijo…
Bah, prefiero disfrutar tu relato, che.
Noviembre 16, 2007 a las 2:49 am
grosa! jajaja la antitesis de un crimen perfecto.
Saludos a vic mamá* tambien, que se rió con el semáforo.
L.
elultimoparaguas.blogspot.com
Noviembre 16, 2007 a las 6:43 pm
José, gracias por pasar! que loco, es como si tocara la guitarra en un garage y viniera a verme Santana…
Martín, ¿hablo como escribo? decime ahora que ya leiste alguito…
Jopí, me río del chiste facil que es la vida… a full!
Ema, mismo garage, entra Richards.
Ross, hubiese querido ser mosca en ese momento, de una.
Luc! Todavía se ríe y te manda saludos “así como hacen ustedes”, dice.
un saludo para todos. No! uno para cada uno mejor…
Noviembre 18, 2007 a las 1:44 pm
Pechos turgentes, sugerentes, que buscan como pueden, algún desmayo para que alguien se digne a tocarlos desde la circunstancia fatal!
Esta vez, cayó tu viejo.
A mi me parece que el hijo conoce el juego. jajjaja!!
Cariños
Noviembre 18, 2007 a las 11:53 pm
que buen relato me gustaría conocer el taller de tu viejo… y las tetas de la señora…
saluditos!
Noviembre 27, 2007 a las 12:07 am
Hace tanto que no entraba!!! que satisfacción!!!
mejor comentare mas arriba así no me pasas por alto!!!!
como me reí!! lo mejor es que conozco a los personajes!!!
Diciembre 3, 2007 a las 6:47 am
Terrible anécdota! jaja. Qué suerte que no pasó a mayores. Al final me acordé la dire de tu blog, un gusto haberte conocido. Besos!